He perdido el aire, mi pecho se ahoga un poco más en cada respiración, cada inspiración estoy más hundido en el agua y en cada gota de aire que bebo se me escapa una lágrima salada como el mar en el que buceo, en el que me ahogo cada vez que pienso en ti y en lo bien que nadaba a tu lado. Es extraño sentir que me falta algo y mi peso aumenta por momentos y por momentos es más difícil salir a la superficie. Seguro que el aire volverá, pero otro día quizás, hoy mi pecho se levantó lleno de tus recuerdos y respira despacio y flojito para que no te escapes, de nuevo. Toda mi existencia se limita a retener esa pizca de superficie que aún queda ahí dentro, como unos céntimos que nunca salen de nuestro monedero, como esos restos de polvos de sobre para el resfriado que nunca se disuelven en el agua, que siempre se quedan ahí en el fondo del vaso, inalcanzables. Mañana puede que me levante pensando en otra cosa y te me escapes en el primer suspiro sin darme cuenta y ya no me duelas por las mañanas nunca más y por fin pueda respirar el aire que no me llega aquí abajo.

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