Cuando me llamas por teléfono,
viajo de repente al centro
del mundo donde antes me encontraba.
Mis pies se plantan al suelo
que se vuelve tierno
y me sujeta lo que duran tus palabras
y sonrío con sonrisas de este pozo
y tu me las devuelves con punta afilada
y se me clavan muy adentro.
En reloj solar me convierto,
marcando la hora de mi muerte
o el comienzo de mi primera vida después de soñarte,
clavado sobre raíces que atraviesan el universo
y salgo por los dos lados de la antonimia de mi corazón.
Cuando me cuelgas el teléfono,
ya no floto más,
y de repente doy la vuelta sobre mi
y me golpeo contra el otro lado monótono del sin color
a pasos de hormiga camino hacia ti,
viajo de repente al centro
del mundo donde antes me encontraba.
Mis pies se plantan al suelo
que se vuelve tierno
y me sujeta lo que duran tus palabras
y sonrío con sonrisas de este pozo
y tu me las devuelves con punta afilada
y se me clavan muy adentro.
En reloj solar me convierto,
marcando la hora de mi muerte
o el comienzo de mi primera vida después de soñarte,
clavado sobre raíces que atraviesan el universo
y salgo por los dos lados de la antonimia de mi corazón.
Cuando me cuelgas el teléfono,
ya no floto más,
y de repente doy la vuelta sobre mi
y me golpeo contra el otro lado monótono del sin color
a pasos de hormiga camino hacia ti,
esperando que aparezcas por detrás cuando marchaste por delante.

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