Que las serpentinas de esta fiesta caigan sobre mi como una lluvia de sentimientos, una lluvia que no es de lágrimas, es de los colores y de las flores que quiero llenar mi vida; y sonrisas bajo el sol, y besos bajo la luna, que no es más que una mirilla de una puerta por donde el sol nos busca y nos espía. Por la noche, somos una habitación oscura y tras la luna mirilla están nuestros sueños, nuestro reflejo que no sale en el espejo, nuestro yo inconsciente que vive lo que quiere nuestro yo consciente. Tras la luna mirilla te tengo en mis brazos sonriendo bajo esta lluvia de serpentinas, que no cesa nunca, como rayos ultra-amarillos de sonrisas brillantes, de abrazos hacia dentro y besos que flotan en el aire, como mariposas rojas, rosas y granates, como girasoles que se abren y se cierran y huelen a dulce como tú, como los dulces de cabello de ángel, a chocolate fundido entre tú y yo, donde nace ese aroma de besos entregados y besos que soñaré. Cuando el sol me mire por la luna tú ya no estarás a mi lado, estaré sólo entre todos, entre caminantes que pasan de largo y miradas que me atraviesan como espadas frías, como si no existiera más que en un sueño compartido vendido a la soledad, a un vuelo constante de caricias sin destino.

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