01 de març 2006

Me rindo,
no puedo respirar,
siento una mano cabando en mi pecho,
no hay tesoros que encontrar
ni una aguja en mi pajar.
Me hundo,
todo es muy pesado ya,
tengo cadenas encadenadas a cadenas,
no hay caminos que caminar
ni un sendero donde buscar.
Huele a mierda esta ciudad
o a estiercol macerado, ¿qué más dá?
nada importa en esta muerte
si no puedo quererte.
Me derrito,
desaparezco en soledad,
en melancolía áspera y arrugada
en restos de espuma blanca,
de estas olas que se van.